Quizás uno de los bloques más importantes de los que constituyen el apartado que llamamos "costumbres" y que están tan hondamente incardinados en la personalidad de cada colectividad humana que son ellos los que las diferencian de otras colectividades, es el de sus celebraciones festivas. Cada ciudad, cada pueblo, cada aldea tiene su acervo festivo propio, que suele incluir un (o a veces unos) santo patrón que vela por sus habitantes y que éstos celebran alborozados cada vez que el calendario dando una vuelta más vuelve a presentar las fechas propias de ese patrón. En otras ocasiones las festividades evocan otros tantos santos que no llegan a la altura de los patrones, pero que su devoción es de gran arraigo, e  incluso circunstancias de origen más pagano (solsticios, cosechas, fríos, calores, etc ...) que exigen a los hombres y mujeres de su grey una celebración apropiada y más o menos por todo lo alto.

El patrono propio de Villoslada es San Nicolás de Bari, cuya fiesta se celebra el 6 de diciembre. Y, probablemente como consecuencia de haber absorbido en el transcurso de la Historia al antiguo y vecino lugar de San Miguel de Párraces, se ha heredado y también se celebra como propio el segundo fin de semana de mayo a San Miguel, por aquí llamado así, "de mayo", para diferenciarlo de su otra celebración conjunta con San Rafael y San Gabriel el 29 de septiembre.

Otras festividades importantes para nosotros son las de Santa Águeda, a principios de febrero, de gran tradición por estas tierras segovianas y celebrada principalmente por las mujeres; San Isidro Labrador, como no podía ser menos en un pueblo agrícola y ganadero como es Villoslada, y que se celebra al 15 de mayo; San Roque, otro santo que despierta gran fervor por toda Castilla y al que el hecho de celebrar su festividad el 16 de agosto, a día seguido de la Virgen de Agosto y cuando tradicionalmente se habían acabado las labores de recogida y almacenamiento de las cosechas de cereal ha contribuido sin duda a extender su devoción y celebración festiva.