Villoslada de la Trinidad, o simplemente Villoslada como se la conoce comunmente, se encuentra a 963 m. de altitud a unas cinco o seis leguas de Segovia y algo menos de dos de Santa María la Real de Nieva, en la comarca de La Campiña y es la cabeza del Sexmo de la Trinidad, perteneciente a la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia. Su localización exacta está a 40,989º latitud Norte y 4,421º longitud Este. La superficie total de su término es de 19,88 Km2, equivalente a 1.988 Hectáreas o 4.970 obradas y está dividido de la siguiente forma: 121 Ha de pasto, 260 Ha forestales, 25 Ha friales, 197 Ha no agrícolas y 1.385 Ha de cultivo. El casco urbano tiene 95.000 m2. Confina al norte con los términos de Balisa y Paradinas, al sur con los de Etreros y Sangarcía, al este con los de Marazuela y Sangarcía y al oeste con los de Laguna Rodrigo y Hoyuelos.

 

 

Por carretera se puede llegar por la CL-605 hasta Santa María la Real de Nieva, y desde allí se toma el desvío hasta Villoslada (unos 9,6 Km.), pasando por Balisa. También se puede llegar por la misma CL-605 tomando el desvío que nada más pasar el Puente Oñez nos indica dirección Marazuela-Sangarcía; antes de llegar a éste último, a la altura del caserío de Velagómez giramos a la derecha y antes de entrar en Villoslada pasamos por nuestro San Miguel.

 

Villoslada es un pequeño pueblo castellano, tranquilo y muy rural, donde sus habitantes viven de trabajar el campo, arañándole año tras año  cosechas de  secano que hoy día son principalmente de trigo, cebada y pipas de girasol. Hasta hace pocos años existían también unos majuelos que actualmente se han visto reducidos, aunque algunos permanecen. Sí han desaparecido los melonares que antaño se sembraban. El monte de San Miguel, con sus encinas y arbolado, aporta madera y algunas bellotas. Sobre todo ese monte destaca la Encina gorda, simbólico coloso vegetal que por desgracia no parece vivir en la actualidad sus mejores días. Alguna pequeña mancha de álamos, casi todos de repoblación humana, y algún pino completan el panorama arbóreo.

El clima es de tipo Continental,  caracterizado por fuertes contrastes:  inviernos muy fríos y rigurosos y veranos secos y calurosos que nos recuerdan el famoso dicho de "nueve meses de invierno y tres de infierno". Las temperaturas medias no superan los 11 ó 13 grados, llegando hasta los 12 grados bajo cero en invierno y los más de 35  en verano. Las precipitaciones son escasas e irregulares, con una media de 450 mm3 al año, y se concentran sobre todo en primavera y otoño.

La cabaña ganadera la constituyen los rebaños de ovejas y corderos que recorren su término, la cría de cerdos - que por aquí llamamos marranos - , algo de ganado vacuno, alguna pareja de borricos y desde hace unos pocos años una nueva especie que se ha incorporado a la economía villosladina - villosladense dicen otros -: los avestruces.

Nuestra fauna salvaje es la propia de la estepa cerealista (perdices, liebres, conejos, codornices, cogujadas, palomas, milanos, cernícalos, cuervos, grajas, chovas, jilgueros, verderones, lagartos, culebras, etc.) a la que se une la que aporta San Miguel, más propia del monte mediterráneo  (lechuzas, mochuelos, gavilanes, abubillas, jinetas, zorros, erizos, lirones...), las de las balsas y humedales cercanos (patos, gallinetas, culebras de agua...)  y la que habita más cercana al hombre dentro o en las cercanías del núcleo urbano (cigüeñas, estorninos, gorriones, golondrinas y vencejos en el buen tiempo, etc.) Estacionalmente pueden verse por Villoslada grullas, gansos y otras aves migratorias de paso, y no es descartable del todo la presencia esporádica del mítico lobo. También los buitres leonados, negros y alimoches sobrevuelan nuestros campos con frecuencia.

El término lo cruza el arroyo llamado Reguera, procedente de Cobos de Segovia, Etreros, Sangarcía y Velagómez y que va a desembocar en otro arroyo llamado Balisa dentro ya del pueblo del mismo nombre. El Balisa a su vez acaba en el río Voltoya, que vierte sus aguas en el Eresma ya muy lejos de Villoslada. Otras zonas húmedas  son la charca o Balsa del Ángel, la del Medio Halcón, la de las Espadañas, la de las Eras, y las balsas de la Vega del Berrueco, que son las únicas que conservan un caudal regular de agua incluso en verano, y sirven de abrevadero a numerosas aves. Hay otras charcas ocasionales en las Bodeguillas, y en el monte de San Miguel está la conocida como Charca de los Sabores, que sólo tiene agua cuando llueve a mares. Hacia el Este, y entre la carretera que va a Santa María la Real de Nieva y el camino de Hoyuelos, se encuentra el humedal de La Fuente, a donde se iba a por el agua para consumo humano antes de la traída de ésta a las casas. En la misma zona está el Lavadero, donde tradicionalmente se iba a hacer las coladas, además de que allí abrevaba el ganado del pueblo.

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