Según la época del año, nuestro pueblo tiene distintos colores. 

 

En primavera Villoslada es verde porque sus campos los alfombra la mies que crece. Los trigos y las cebadas tiernas extienden sus tapices alegres y coloridos, que se recortan contra el cielo  limpio de Castilla. Todo es  anticipo de la  cosecha que un año más se aproxima para dejar a sus habitantes el pago necesario y el consuelo debido tras el largo y frío invierno.

Las temperaturas van subiendo poco a poco; el cielo se hace más azul; los animales del campo empiezan a ocuparse - y preocuparse - de sus nuevas generaciones; las lluvias hacen su presencia, las plantas verdean y el cereal se va granando. 

La vida rompe y todo es promesa de abundancia.

 

Cuando llega el verano los días son largos, lo que era verde poco a poco se vuelve amarillo y Villoslada entonces tiene color dorado. Los campos de cereal cubren todo casi todo el término y le dan el noble color del oro. Sólo la mancha verde de los grupos de árboles y el alegre colorido de algunos sembrados de girasol rompe esa monotonía.

El calor pesa; el sol lo inunda todo; el cielo se vuelve aún más azul y sólo esporádicamente alguna tormenta veraniega - el nublado - alivia, aunque sea pasajeramente, el ambiente. Por la noche refresca un poco, sobre todo en la segunda parte del verano, y las chicharras ponen el fondo lejano y tranquilo de su música.

 

Con el otoño se acortan los días, el tiempo se vuelve más fresco e inestable y vuelven las lluvias. Al campo se le han dado las vueltas necesarias para descansar la tierra y prepararla para la próxima siembra. Y Villoslada cambia de color y se vuelve marrón. Del color de la tierra y de las hojas secas.

El cielo tiene menos brillo y menos color y las nubes lo mantienen encapotado durante más tiempo. Muchos animales se han marchado ya o lo están haciendo en esos días y el campo queda más vacío. Otros, sin embargo, como las grullas y los gansos, dejan ver en el cielo sus grupos en forma de "v" y hacen escala en nuestras tierras.

En el monte las encinas están cargadas de bellotas y las gentes apremian para hacer acopio de madera para las lumbres invernales que ya se acercan.

 

En invierno Villoslada vuelve a cambiar de color y ahora es gris y parda. Y el cielo contribuye a que el ambiente sea más plomizo y triste. Y a veces, por la mañana, cuando amanece, una capa blanca se ha sobrepuesto al suelo grisáceo. Y durante unos días Villoslada es blanca.

Los árboles, secos y sin hojas, con su esqueleto a la intemperie, dan un toque de verticalidad a las campas horizontales del paisaje.

El aire es helado - como los charcos - y el viento se cuela por las rendijas de puertas y ventanas. Los días son muy cortos y las noches muy largas. A veces cae la lluvia fina y fría, y otras veces nieva.

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