Si por monumentos entendemos grandes elementos arquitectónicos restos de épocas anteriores y de gran valor artístico, resulta que en Villoslada no tenemos muchos porque somos un pueblo muy pequeño. Pero algo hay.

El monumento más antiguo de todo el pueblo es, sin duda, la Ermita de San Miguel, ejemplo del románico segoviano de los siglos XII-XIII. Situado a unos dos Km. del centro urbano constituye el último resto de lo que fue el lugar llamado San Miguel de Párraces.

Según Mª Teresa Llorente, los "soportales de la iglesia de San Miguel de Párraces de Villoslada sirven de marco a la firma del acuerdo (Concordia) que pone fin al famoso "Pleito de la Concordia", mantenido entre 1562 y 1608 entre la Abadía de Párraces y el sexmo de la Trinidad. 

El pleito se inició porque los primeros se negaron a contribuir en los gastos  derivados de los arreglos de puentes, fuentes y pago de guardas comunes. En el acuerdo se fija que la Abadía pagaría en adelante y siempre que hubiera derrama de gastos, la cantidad de 1.750 maravedíes por Navidad."

Ábside y soportales de la Ermita de San Miguel

En el interior de la ermita destaca en el altar mayor un retablo barroco de madera y pan de oro que sirve de fondo a una imagen  de Cristo crucificado que presenta características tanto del románico (hieratismo, paño de castidad, cierta ingenuidad en los trazos) como del gótico (tres clavos, se le representa muerto) que pueden datarlo alrededor de los siglos XIV - XV.

Santo Cristo.                                                                            FOTO © José Carlos Sastre-2007 Vista del altar

En la parte de atrás del retablo, sobre el muro, existen restos de antiguas pinturas seguramente al fresco. 

En la parte superior del retablo otra pintura, ésta sobre la tabla, representa al Arcángel San Miguel en su lucha contra el diablo.

La iglesia parroquial está dedicada a San Nicolás de Bari, y es un edificio muy sobrio, de una sola nave, con planta de cruz latina y líneas de inspiración clásica. Data probablemente del siglo XVII y fue reedificada casi en su totalidad en el XVIII. Sánchez de la Cotera hizo mal las trazas y hubo que tirar lo hecho. Tiene cubierta abovedada con yeserías y decoración barroca. Destaca por el remate triangular de su espadaña. Alberga un altar mayor barroco de tres pisos en el que podemos encontrar centrándolo una hermosa talla de su santo titular y en la parte central del piso superior un cuadro con la imagen de Ntra. Sra. de la Soterraña.

Iglesia Parroquial de San Nicolás de Bari.                       FOTO © Víctor M. Sastre-2005

En 1664 el ensamblador segoviano Juan de Prado hace una custodia o tabernáculo hoy desaparecido y le pagan 200 reales a cuenta del tabernáculo. 

Al año siguiente, 1665, le pagan 856 reales por varias obras: 650 por la custodia y el resto por varios trabajos de poca consideración. Esta custodia es el primer trabajo de Juan de Prado que se puede documentar en el arcedianato de Segovia, y fue dorada por Manuel de Prádena por 872 reales en 1665.

En 1672 se contrata a Francisco de Prado para hacer dos retablos en blanco, hoy también desaparecidos, por los que se le paga un total de 1.700 reales. Los retablos serían de poca talla pues en 1700 se añaden 32 piezas "por estar muy pobres de labor segun la obra de ensamblaje".

En 1676 se invierten ciento y seis reales en la compra de una"imagen pequeña de bulto de Nuestra Señora que se compro en Madrid ... en que entran treinta y seis reales de plata que se añadio a lo que dieron de limosna para la corona algunos devotos y de la hechura"

En 1727 comienza la obra del retablo mayor. Se concertó en 6.270 reales y en las cuentas parroquiales de aquel año figura una partida de 420 reales que se pagan al maestro de escultura Pedro Laínez a cuenta. En 1732 se entregan a Dionisio del Valle 1.927 reales a cuenta de la obra y en 1733, muerto Pedro Laínez, cobran el resto su viuda y Dionisio del Valle.

El retablo consta de banco, un único cuerpo de tres calles y ático de medio punto.

El banco está adornado con dos pinturas dentro de unos recuadros y cuatro cartelas sobre las que se apoyan los estípites del cuerpo del retablo. Estos lienzos se pintaron en 1733 y costaron 100 reales. Representan a San Pantaleón (en el lado de la epístola, a la izquierda) y a San Roque (en el lado del Evangelio, a la derecha).

 

Retablo del altar mayor.                                                           FOTO © Víctor M. Sastre-2008


Detalle San Roque  


Detalle San Pantaleón 

El cuerpo está dividido, a su vez, en tres calles, separadas por cuatro estípites. En las calles laterales se encuentran sendos cuadros con marcos de talla delicada y en la central una pequeña hornacina adornada con una gran cartela de follaje, que escala hasta romper el tímpano. Los lienzos representan a Santo Tomás de Aquino en la epístola y San Antonio de Padua, en el Evangelio. Bajo la hornacina se encuentra un Sagrario actual y el expositor sostenido por columnas. 

 
Santo Tomás de Aquino
              
             Sagrario                                                                                                 San Antonio de Padua


   

El ático se cierra con un arco semicircular adornado con talla. 

En el centro hay un lienzo con la Virgen de la Soterraña y en los netos decoración vegetal.       

 

En la hornacina del retablo se encuentra la imagen de San Nicolás de Bari. Realizada en 1724 fue regalada por un vecino. El santo viste de obispo, con sus atributos de capa, mitra y báculo pastoral. La túnica es blanca y la capa roja con una franja estofada de oro. A los pies de san Nicolás hay dos niños de cuerpo completo.

El dorado del retablo se realizó en 1765. El día que se puso el primer pan de oro, el señor cura dió un refresco, según era costumbre. La regulación y el registro del valor del dorado las hizo el dorador Francisco Casado y por ello se pagaron 80 reales. Para realizar la obra presentaron condiciones los maestros Pedro de Borbúa y Lorenzo Villa, que fue quien remató la obra firmando la escritura por 10.000 reales, que cobro en tres partes. Algunas mejoras que se añadieron importaron 481 reales. El cura y el pueblo quedaron tan contentos con el resultado que al dorador se le agasajó con 300 reales y unos guantes. (Archivo parroquial. Libro de cuentas 1765 y Libro de cuentas 1766)

Acabada la obra del dorado del retablo mayor aún quedaban caudales, y el señor cura solicitó permiso para hacer un retablo y una imagen de San Ramón, una mesa para el altar mayor y hasta dorar el retablo de Ntra. Señora del Carmen. Conseguidas las licencias, se hizo en 1776 un retablo nuevo con la imagen de bulto de San Ramón. Por ello y por la mesa del altar mayor se pagaron un total de 3.790 reales. La mesa del altar mayor también se hizo en 1776 y se doró al año siguiente. Junto con el dorado se le añadieron piezas de talla y se jaspeó el pedestal del retablo. 

El retablo es rococó de planta mixtilínea. Consta de un pequeño banco, un cuerpo único y remate. En el banco la rocalla decora los entrepaños y se disponen dos plintos para sostenimiento de las correspondientes columnas. En el cuerpo principal se abre una hornacina central coronada por un frontón triangular partido. La hornacina está enmarcada por dos dobles columnas de fuste estriado y capitel compuesto y una rocalla decora su centro. El ático, sobre cornisa de líneas muy quebradas, presenta dos pilastras con colgantes escoltando el medallón central con el Espíritu Santo en forma de paloma en medio de un haz de rayos. Lo remata todo un frontón curvo. El retablo se doró en 1778, pagándose por ello 5.504 reales.

No hay constancia de lo que ocurrió con la imagen de San Ramón, pero lo cierto es que en la hornacina central hay una imagen de Ntra. Señora del Rosario, del siglo XVII. La escultura está estofada y las telas de pliegues quebrados nos demuestran su ascendencia barroca

 

Retablo de Ntra, Sra. del Rosario (antes de San Ramón)  

Ntra, Sra. del Rosario

El retablo de Nuestra Señora del Carmen fue asentado en 1776, reflejándose en el libro de fábrica solo 71 reales y medio. Es muy posible que lo ofreciera un devoto. Es muy sencillo, de planta lineal y cuerpo único. Desnudos estípites se sitúan a ambos lados de una hornacina semicircular. El centro del medio punto se adorna con elementos de rocalla y formas llameantes. El adorno más sobresaliente es la ornamentación de grandes rocallas en los laterales. El ático presenta dos dos pilastras con colgantes escoltando el medallón central con la paloma del Espíritu Santo en medio de un haz de rayos. El remate es un frontón curvo partido y coronado con una palmeta dorada. A los lados ménsulas caladas con formas llamrantes.

Gran parte de la información referida a la iglesia parroquial y a su retablo mayor, así como otros elementos, transcripción de los documentos del Archivo Parroquial, etc. está recogida de la obra de Dª Mª Teresa González Alarcón "Retablos barrocos en el Arcediananto de Segovia"; 2002-tesis doctoral de la autora y publicada por la Biblioteca de la Universidad Complutense, de Madrid.

 

A la salida del pueblo por el camino de Sangarcía y Etreros se encuentran las ruinas de lo que fue la segunda ermita que tenía Villoslada, la llamada Ermita del Santo Cristo, por estar dedicada al Cristo de las Cinco Llagas o del Humilladero, aunque también haya quien la conoce como de San Blas porque en su interior había un altar dedicado a este santo. Por lo que queda puede comprobarse que debió de ser un pequeño y sencillo templo de planta cuadrada.

Aquí se hacían las rogativas con la Bendición de Panes y hasta esta ermita llegaba, desde el pueblo, el Via Crucis , del que se conservan las peanas de piedra y una cruz con el Crucificado en relieve en granito de una sola pieza. Este lugar era el centro de la Cofradía de las Cinco Llagas, cuya fiesta se celebra el 21 de septiembre, día de San Mateo. Alguna de las tareas de esta Cofradía eran el velar a los enfermos del pueblo, acudiendo dos cofrades a casa del enfermo por las noches para turnar a la familia, así como encargarse de hacer el hoyo de los cofrades difuntos y de los oficios religiosos de la Semana Santa. En la ermita había una lámpara de aceite que se mantenía encendida constantemente, y de ello se encargaba el Juez de la Cofradía, cargo que era renovado anualmente. Sí se conserva, y aún se usa en algunas Misas relacionadas, el cetro del Cristo de las Cinco Llagas.

 

Imagen de San Blas que se encontraba en la Ermita del Humilladero, en el camino de Sangarcía. 

Crucero que queda ante los restos de la Ermita del Humilladero

 

Dentro del pueblo, en la calle llamada de Sangarcía por ir a desembocar en el camino que va a ese lugar cercano, podemos encontrar un edificio de propiedad particular que hace años albergaba la taberna, y hace más años aún era la posada del pueblo. 

Conserva un bello dintel con el texto "Ave María Purísima" y el dato del "Año de 1863" acompañado de curiosos dibujos, similar a los que podemos encontrar en el mismo Sangarcía.