El nombre y los apellidos que cada uno lleva constituyen, como conjunto de identidad, una de las características íntimas más diferenciadoras con respecto a los demás que pueden darse. Curiosamente, sobre todo en el caso de los nombres "familiares" y aún más claramente en los apellidos, a la vez es una evidente seña de pertenencia a una determinada familia, entendido este concepto como clan.

En Villoslada, hoy día, los nombres propios que llevan sus gentes no se distinguen de los que pueden llevar en cualquier otro lugar de  España: María, Carmen, Juana, Susana, Ana, Irene, Elena, Marta, Paloma... se llaman sus mujeres, y Antonio, Pedro, Juan, José Luis, Jesús, Julio, Víctor, Nicolás, Ángel, Jaime, Javier, etc. sus hombres.

Pero es sobradamente conocida la antigua costumbre existente en Castilla de bautizar a sus hijos con el nombre del santo del día, o de poner a sus vástagos el nombre de alguno de sus abuelos o mayores. Ello daba como resultado la existencia de multitud de nombres que hoy día podríamos considerar "raros" o insólitos. Lo de su "rareza" es discutible, pues evidentemente eso es una cuestión de apreciación, pero lo de poco corrientes resulta ser algo verdaderamente objetivo. Aún queda  gente en Villoslada que lleva alguno de esos nombres tan castellanos y tan rotundos. Y la lista que mostramos corresponden a personas que conoce o ha conocido alguien de entre cuarenta y cincuenta años o que pertenece a su familia próxima. En todos los casos corresponden a personas que viven aún o han vivido en Villoslada durante el siglo XX. Muchos de ellos son nombres con evidente reminiscencia clásica que nos recuerdan la ascendencia latina de nuestra sociedad (Áurea, Constancia, Dalmacio, Justiniano, Marciano) bajo un poso griego evidente (Arístides, Dionisio, Efigenio, Epifanio, Heliodoro, etc.) y trufada con influencias germánicas (Clotilde, Fredesvindo, Ubaldo) o hebraicas (Melchor, Moisés). Otra fuente de nombres propios la constituyen la proveniente de cualidades que se desean y añoran como propias de un buen cristiano (Adoración, Clemencia, Inocencia, Misericordia...), a veces incluso con su puntito de fatalidad (Predestinación, Socorro). A todos ellos se unen algunos nombres característicos y casi exclusivos de la Tierra de Segovia (Fuencisla, Soterraña), poco o nada conocidos fuera de ella.

Por otro lado, las pequeñas sociedades rurales han funcionado hasta hace relativamente poco como islas independientes, en medio de una gran endogamia que hacía que unos pocos apellidos fueran los que llevaran todos sus habitantes, con alguna esporádica incorporación proveniente de pueblos cercanos que refrescaba la sangre y que acababa en poco tiempo formando parte del grupo único inicial. Así, encontramos en Villoslada apellidos que se repiten de padres a hijos, generación tras generación,  al menos desde el siglo XVI - y aún antes - hasta el día de hoy. En muchos casos, estos apellidos - o alguna de sus ramas - llevaban aparejados motes que también se han conservado.